Durante esta primera mitad de agosto, la Familia Franciscana celebra dos importantes fiestas: la de Nuestra Señora de los Ángeles, el 2 de agosto, y la de santa Clara, el 11 de agosto. Fue en la pequeña y humilde capilla que san Francisco llamaba cariñosamente la Porciúncula, o la «pequeña porción», donde vivió gran parte de su vida junto a los primeros hermanos y donde, hace exactamente 800 años, pasó a la Vida Eterna.
Fue también santa Clara quien, inspirada por la vida y el ejemplo de san Francisco y de sus primeros compañeros, dejó su condición noble para fundar la orden contemplativa que hoy conocemos como la Orden de las Clarisas. Tras la muerte de san Francisco, desempeñó además un papel fundamental al acompañar y fortalecer a los primeros hermanos mientras buscaban su camino.
Estas dos fiestas también tienen un significado especial para nuestro trabajo en Franciscans International. San Francisco dio a la Porciúncula ese nombre debido a su reducido tamaño y, sin embargo, rápidamente se convirtió en un punto de referencia para un movimiento que ya se había extendido mucho más allá de Italia durante la vida de san Francisco y que hoy está presente en todo el mundo.
Nuestro trabajo de incidencia ante las Naciones Unidas también puede inspirarse en esta realidad: entramos en espacios ocupados por quienes representan a los Estados y al poder, llevando con nosotros las historias de quienes viven en los márgenes: los Pueblos Indígenas, las personas migrantes, las personas refugiadas y las comunidades desplazadas por las actividades extractivas y la injusticia ambiental.
Santa Clara es ampliamente reconocida por su vida de contemplación y clausura, pero también fue una mujer profundamente comprometida. Durante décadas defendió el privilegium paupertatis —el derecho de ella y de sus hermanas a no poseer ningún bien— para que su compromiso con una vida de pobreza fuera una realidad concreta y no simplemente un ideal abstracto.
De manera similar, en su labor de incidencia ante las Naciones Unidas, Franciscans International trabaja para que el debate sobre los derechos humanos y la justicia ambiental permanezca arraigado en las experiencias reales de las personas y no se limite a conceptos abstractos. Al llevar a las discusiones de las Naciones Unidas las voces de los franciscanos, las franciscanas y de las personas a quienes acompañan, especialmente de aquellas que viven en los márgenes de la sociedad, contribuimos a que estos debates tengan en cuenta la vida cotidiana de las comunidades de base.
En su encíclica Magnifica Humanitas, el papa León XIV destacó la importancia de organizaciones como las Naciones Unidas, describiéndolas como «instrumentos esenciales para promover una civilización del amor […] que permita reducir las desigualdades, defender los derechos de las personas refugiadas y de las minorías, reorientar los recursos destinados al gasto militar hacia el desarrollo humano y proteger nuestra casa común» (n. 226). Franciscans International responde a esta visión trabajando con la «pequeña porción» que nos ha sido confiada, inspirándose en santa Clara, cuyo ejemplo nos recuerda que la fidelidad a nuestra misión puede superar cualquier oposición.
Que juntos sigamos haciendo realidad esta misión. A través de sus oraciones y de su apoyo económico, ustedes también pueden aportar su propia «pequeña porción» al trabajo de Franciscans International. Juntos continuamos acompañando a las personas y defendiendo, ante las Naciones Unidas, la dignidad humana y el cuidado de nuestra casa común.
Con ocasión de estas dos grandes fiestas de la Familia Franciscana: ¡Paz y bien!
Por Blair Matheson TSSF y James Donegan OFMCap