Para muchos franciscanos, el principal reto que plantea el Día Mundial del Medio Ambiente de este año es uno que anima su vida cotidiana. La Tierra nos está enviando señales claras. La pregunta es: ¿cuál será nuestra respuesta? Desde Madagascar hasta las Islas Salomón y desde Croacia hasta Guatemala, las hermanas y hermanos franciscanos están trabajando en comunidades donde las señales de un clima cambiante y un medio ambiente en degradación ya se han convertido en crisis. Hoy, Franciscans International se une al llamamiento urgente a la acción climática. El tiempo se acaba y la naturaleza está en modo de emergencia.
En este contexto, celebramos que cada vez se reconozca más la magnitud de la triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, no solo a nivel de base, sino también por parte de los líderes mundiales. La reciente adopción de una resolución de la Asamblea General de la ONU que reafirma la conclusión de la Corte Internacional de Justicia de que los Estados tienen la obligación legal de combatir el cambio climático debe ser un catalizador para una mayor acción y responsabilidad. Publicada cuatro días después, la primera encíclica del papa León, Magnifica Humanitas, subraya muchas de nuestras preocupaciones comunes que también se refieren al medio ambiente, incluidas las violaciones de los derechos humanos vinculadas a la extracción de elementos de tierras raras, la aparente normalización de la guerra y la necesidad del multilateralismo. Sus palabras, haciéndose eco de las de otras personas de diferentes confesiones, nos recuerdan que el cuidado de la creación no es solo una cuestión política, sino un imperativo moral.
Dado que el tiempo se agota rápidamente para evitar puntos de inflexión catastróficos, estas conclusiones deben traducirse en políticas que no dejen a nadie atrás. Como parte de su labor, FI seguirá participando en diversos eventos y procesos de la ONU para garantizar que la protección del medio ambiente y la acción climática sigan ocupando un lugar prioritario. La semana pasada, por ejemplo, FI participó en consultas temáticas previas a las negociaciones en curso sobre un nuevo tratado de la ONU para regular las actividades de las empresas transnacionales en el marco del derecho internacional de los derechos humanos. Allí, FI destacó la necesidad de garantizar un lenguaje firme sobre el medio ambiente y el cambio climático en el borrador del texto. Este proceso, incluidas las próximas negociaciones de octubre, sigue siendo un espacio de incidencia fundamental para dar voz a las preocupaciones de las comunidades directamente afectadas por las actividades empresariales, una de las principales causas del daño medioambiental global.
La semana que viene, FI viajará a Bonn, Alemania, para una reunión subsidiaria de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Partiendo de nuestro trabajo en la última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP30) en Brasil, continuaremos nuestra labor de defensa de una Transición Justa presentando los resultados de investigaciones de comunidades religiosas de base que se encuentran en primera línea del cambio climático. Durante esta reunión y la próxima COP31 en Turquía, FI volverá a subrayar que una Transición verdaderamente Justa no puede ser un mero cambio en la gobernanza energética, sino que requerirá una transformación social que debe estar centrada en los derechos humanos y la justicia.
Como señala hoy el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), ante el cambio climático, otra fuerza está cobrando impulso: la acción colectiva. FI seguirá estando codo con codo con todas aquellas personas de todo el mundo que reconocen la magnitud de la crisis a la que nos enfrentamos y comparten el sencillo compromiso del Día Mundial del Medio Ambiente 2026: ¡Ahora por el clima!
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